Autor: Angel Hernandez

Llama la atención que hace cien años, los editores lidiaban con las mismas roñas que ocupan a algunos el día de hoy: ciertas palabritas que conviene no imprimir porque pueden damnificar a los mostrencos. “Creo que se deben evitar ciertas palabras para que la gente no se distraiga de los atributos del libro y en cambio se ponga a discutir sobre temas impertinentes y extrínsecos”, escribió Perkins a Hemingway y le pidió que modificara doce pasajes para apaciguar los “rebuznos de muchos burros chabacanos, santurrones e imbéciles”. Los insulta, pero se deja vencer por ellos.